lunes, 10 de junio de 2013

Change of heart.


Había dos camas en la habitación y habíamos llegado cansados, yo insistía en que durmiéramos juntos, extrañaba estar cerca de él, sus evasivas fueron derribadas por mi insistencia; ya en la cama su espalda me produjo unas terribles ganas de llorar, lo abracé, no me abrazó en ningún momento, tal vez solo me sonrió una o dos veces.
En la fiesta no quiso bailar, bailé sola o con otros invitados, el observaba todo desde la mesa que estaba decorada con pequeñas flores rosas, las luces, la música, una típica fiesta de casamiento y una triste despedida entre nosotros dos.
Luego volver al hotel, agarrar las valijas, y subirse a un micro con aire acondicionado, conversar sobre la fiesta, casi que hablamos del clima como si fuésemos dos perfectos desconocidos. Llegamos a Córdoba, fuimos a la casa dónde habíamos vivido juntos, y la misma historia, su espalda y yo abrazándolo. Meses después lloramos bajo la parra del patio y no nos volvimos a ver, los acordes de Cindy Lauper interpretados por él ya no sonaron en mi casa, pero sonaron otras canciones mucho más pesadas, de esas que demuelen tu corazón con furia.

Una fotografía de Gabriel Magnesio.